A medio camino
Estas frente a mí. Me dices:
– Vamos adelante. Vamos a una ciudad…
No se ve bien la ciudad. Parece un lugar fantasma, un lugar de pesadilla. Hay mucha oscuridad y las personas, los seres, van sueltos, parecen almas errantes. Las casas están vacías, siento que detrás de los edificios ni siquiera hay paredes o suelos, es todo de mentira. Se ve todo oscuro.
Eres un espíritu. Te has tirado así muchos años. Tu alma me hace ver que en tu vida anterior moriste bastante joven por un accidente natural, pero la brusquedad de tu muerte te llevó a estar mucho tiempo ahí, en ese vacío. Tú eras muy joven, no sabías nada de la muerte y te sentías muy atascada. No te movías apenas, las emociones estaban muy atascadas.
Dice que ahora le tienes mucho miedo a morir por eso pero que ya no te pasará. Cuidan de ti para que no te ocurra más.
Me enseñas que te sentías muy vacío. Eras un hombre. Cuando superaste ese tiempo y regresaste con la familia de luz y les abrazaste, te sentiste muy bien, ya no querías volver a pasar por lo mismo. Fue muy duro para ti esa ruptura del tiempo y el espacio, el estar tanto tiempo como alma perdida. Ya no querías volver a pasar por eso más.
Dice que no le tengas miedo a morir. La muerte sólo es un camino más, un reencuentro.
Ahora me enseñas un monte. Montañas a lo lejos. Creo que hay agua cerca, hay una mariposa… me dices:
– Dime que disfrute, que quiero disfrutar de la vida y de todas las cosas bellas, bonitas, agradables. Que lo viejo y lo feo no lo quiero. Ya he vivido torturas antes. Ahora quiero disfrutar. Que la vida es muy hermosa, y yo lo siento así. Y no quiero, dime a mi mente, que mi alma que yo no quiero permanecer en el olvido, encerrada. Necesito reír, cantar, bailar, sonreír, estar con niños, estar con alegría. Que yo soy la que se ríe. La que juega, y que cuando empiece a reírse y tome el hábito, llegará un momento que no habrá dos. Y será consciente del todo de lo que ahora no lo es consciente. La vida es muy hermosa.
Gracias por llevarme estas palabras.
Se despide y se va.
Marinero
Es el atardecer y los colores del cielo son preciosos. Y las nubes, hay rosas, lila, azul, morado… es un paisaje muy lindo. El cielo está muy lindo.
Siento un viento campestre, suave, ligeramente amarinado. Siento que el mar está cerca, pero no lo veo.
Estás ahí al lado, con más gente. Creo que están jugando a las cartas, hay varias personas. Oigo la risa de un niño. Veo las cartas, es una baraja española.
Veo a tu mujer, está riéndose. La miras, y estás admirado de su belleza. Cuando sonríe está muy hermosa y la admiras. Es un momento con mucho amor y mucha compenetración.
No sé cuántos niños hay, creo que 3. Hay una niña enfrente de la mujer, con las cartas. Detrás hay un niño algo más mayor. Y hay alguien corriendo, jugando al lado, no le veo. Oigo la risa de la niña que está enfrente, es una risa contagiosa. Y el cielo está… asombroso.
Es un merendero en un campo. Quien está corriendo ahora está haciendo la rueda, se mueve muy rápido y me cuesta verle/a, pero creo que lleva falda.
Ahora me miras, estás sonriéndome. Me dices:
– Te voy a enseñar una vida pasada, pero sólo una ¿eh? Sólo una.
Eres un marinero. Hay un barco detrás de ti, es pesquero, pequeño, para 10 marineros máximo, de 6-7 m de proa a popa. Tienes barba blanca, y llevas un gorro y una especie de impermeable, una ropa rara, de pesquero.
No vas muy abrigado para salir a la mar, debe de ser un sitio cálido, o es que es verano. El suelo del barco está mojado. El camarote es un banco de peces ya pescados. Salmonalejos o algo así. Pescáis con red. No sé cuantos sois, pero estáis muy fuertes.
Te encanta la mar. Quieres morir en la mar.
Hay 2 hombres en especial que parecen muy amigos tuyos. Estáis todos realmente fuertes, es mucho trabajo físico con los brazos y las piernas, al recoger las redes. Se ve que tenéis una vida muy saludable, estáis sanos y rebosáis alegría.
Miras el mar con una paz y un sentimiento de pertenencia muy hermoso. No os alejáis mucho de la costa, trabajáis a escasos kilómetros de la playa.
Creo que eres el dueño del barco, perdón, el barco lo comprasteis entre varios. Tú eres el que lo dirige, el capitán. Eres el más mayor, el más veterano, tienes unos 50 años. Te sientes mayor para hacer el trabajo que haces.
Veo que te sientes muy muy conectado al mar, al océano, a los seres marinos. Eso es toda tu vida. Y tienes mujer e hijos, y tu vida en tierra está muy bien, pero hay algo que te atrae del mar, algo muy profundo. Y coges el agua del mar, con la mano, se escurre, claro. Y me dices:
– Esto es vida. El mar es vida.
Me enseñas el pueblo de donde eras. Es un pueblo pesquero, las casas son como las del mediterráneo, de varias plantas, estrechas, apiladas. No son de piedra, no es un lugar que haga frío excesivamente.
Hay un pequeñísimo puerto y tiene un pequeño dique. Y es un pueblo grande para lo que eran entonces, a lo mejor viven 300 habitantes, o puede que más.
Me enseñas que usas tirantes. Y que un día pescaste un pez espada muy grande, que casi te mueres. Los peces espada son muy grandes, te jugaste la vida pescándolo. Te ríes al recordarlo.
Siento que tu mujer de esta vida también estaba entonces, en aquella vida, porque la siento ahí. No la veo pero de pronto la he sentido, con mucho amor. No como una persona sino como algo muy angelical. Me dices que siempre habéis estado juntos, pero que no siempre os habéis visto.
Ahora veo el mar, otra vez. Cerca del mini-puerto. La playa es de piedras, es pequeña. Al otro lado del pueblo hay una playa algo más cómoda, que tiene un poco de arena. Hay poco oleaje. Seguro que es el mediterráneo. Es una cala.
Hay alguien que ha tenido un accidente en el mar y tú sales con el barco y otros marineros, vais a rescatarles. Salen 2 barcos más. Un accidente de una pareja. De alguien joven, eran dos personas. Tienes mucha angustia.
Llegáis a la barca, es una barca pequeña. En ella hay un cuerpo, está muerto. Al lado, en la misma barca, hay una mujer que lo tiene cogido, que está llorando. Entonces llegáis a rescatarles, y empiezan a preguntarse:
“¿Qué ha pasado?”
La gente se queda en silencio cuando lo ve. Se oye:
“Se ha ahogado”, “parece que se ha ahogado”, “¿cómo es posible?” “¿Qué ha pasado?”.
Tú estás en silencio. Dices que sí con un gesto de cabeza. Tienes muchas ganas de llorar. La mujer que está viva es tu nuera. Ahora sientes una gran responsabilidad, y lo aceptas sabiendo que es algo natural. Y con mucho amor hacia ella, para que no sufra más.
Cuando sube al pesquero, le ponen una manta por encima. Otros marineros lloran. No te atreves a abrazarla. Le vas a dar la mano o algo, y ella no responde, porque está muy mal. Pero lo aceptas muy bien.
Aunque reaccionas mal en ese momento, interiormente no lo has visto como algo feo. Sin embargo, te queda una herida con esa persona.
Volvéis a casa, y esa mujer se queda en tu casa viviendo, y la que es tu esposa la cuida. La veo comiendo algo caliente, un caldo. Una mujer le abraza, y tú estás al lado, en silencio. Sientes que has perdido un brazo, una pierna, pero comprendes que la vida continúa.
Ya no vuelves a salir al océano. Le pides a otro que trabaje por ti y empiezas a trabajar en el puerto, llevando las cajas de pescado con tu mujer. No te atreves a ir a la mar. Te queda un rencor muy grande. Tu alma me mira y me sonríe. Me dice:
– Lo has entendido muy bien. Aún tengo este miedo. Escondido. Cuando estás en el fondo del mar, en alta mar, se siente el silencio del océano, del agua. Es un silencio diferente. Transmite una paz completa. Y ya no escuchas más que los latidos del mar. Los latidos de su pulso, y sus olas. No le tengo miedo al mar. Tengo miedo a ser vencido por la inmensidad del océano. El agua es mi vida.
Gracias.
Tu alma se despide y se va.
| Comentarios |
|






