Mensajes Espirituales

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Ciego

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Se me presenta tu alma. No es tu alma, es tu niño interior. Va vestido de niño. Lleva una espada en la mano derecha, una capa de color rojo, en la mano izquierda un escudo. Tiene unos 5 ó 6 años. 

Me dice que es un guerrero fiero, que no hay malo que se interponga entre él y la verdad del filo de su espada. Le pregunto por esa verdad, que qué verdad es esa. Y se ríe. Dice que la espada ni siquiera tiene filo, que es de cartulina. Y cuando me acerco veo que es reflectante. Le miro y le digo que es muy bonita. Te pregunto por qué vas vestido de niño, que pareces un niño y me responde que tú eres un niño. Tras de ti está tu conciencia ascendida. Es femenina y se ríe de esta investigación tuya.

El niño se queda jugando, hay alguien jugando con él. Y te pregunto por qué tanta polaridad, porqué tantas conciencias paralelas, me dice:

– Tú también lo sueles hacer, algunas personas nos aburrimos tanto en nuestra vida que nos inventamos papeles, cuando nuestra vida no tiene jugo o no tiene tanta consciencia como debería, si somos un alma despierta, necesitamos esas otras realidades para vivir y sentir que se ha vivido.

 Me enseña una hoja, y la suelta sobre una balanza. Me dice:

– Esto es lo que pesa tu conciencia en tu vida actual.

Ahora coge un montón de frutos secos, se le están cayendo de las manos, y los pone al otro lado de la balanza y dice: Estas son las múltiples conciencias del ser.

La balanza claramente se va al lado de los frutos secos redondos.

Miro la balanza y cojo una bolita y le digo que a mí me bastaría con una de esas bolitas, pregunto qué puedo hacer para tener una. Y tu alma me mira y se ríe un poco. Dice:

– Es muy fácil. ¿Ves esta hoja? La tiras a la basura, coges una de estas bolitas y la pones en la balanza de tu vida. Pero las dos cosas no. No puedes mantener la conciencia vacía, sin peso, y querer tener la otra a la vez.

Le pregunto si se puede hacer a ratos, unos ratos de mucha conciencia y otros ratos normal. Y me dice que es una manera de tener el vaso medio vacío o medio lleno, sigue estando a la mitad.

Te digo que eres un alma demasiado filosófica para mí. Y me dices:

– No, es más filósofo el niño con la espada, o el alma jugando a los vestiditos de princesas y mirándose a un espejo como una princesita.

Me dice que me quiere enseñar algo, algo que te atormenta. Vamos por un puente que es una viga de madera. Da un poco de vértigo. Te pregunto qué hay debajo, y me dices que nada, que ande con cuidado que si me caigo abajo me convertiré en nada. Y me río porque no haces más que gastarme bromas. Y según avanzamos parece que no hay nada, y te llamo, y no hay nada.

De pronto estoy en un lugar todo azul oscuro y no veo nada, y me estás llamando desde algún sitio pero no logro verte. Enciendes una cerilla y me dices dónde estás y que te siga. Está todo muy oscuro, no veo nada. Te pregunto por qué no veo nada, y me dices que en esta vida tú eras ciego, que no veías nada. Te digo que yo no era ciego, que porqué yo no puedo ver, y me dices que si yo viese no te lo contaría bien.

Me he chocado contra algo, creo que una mesa de madera. Me duele la pierna, ya me he dado más veces ahí. Seguimos hacia adelante, no sé donde me lleva tu alma. Pero yo la sigo y siento que está por delante de mí. Sé que hay una puerta ahí delante, pero no logro llegar justo a la puerta, estoy chocando contra la pared. Ya sé donde está la puerta y salgo. Me da el sol en la cara y me molesta.

Tú eres un viejo, tienes bastantes años, me fastidia que me moleste el sol en la cara, porqué no tengo ojos para verlo, me resulta como un insulto. Podría no molestarme. Siento que me abrasa. Creo que tengo los pies sucios pero no sé de qué. Y estoy en la puerta esperando, no sé qué espero. Me duele la garganta porque la gente no suele prestarme atención. Tengo un oído muy fino y sé cuando alguien habla detrás de mí, pero ellos no lo saben, y entonces puedo cotillearles cuando hablan sucio, y sé cosas de cuando los hombres y mujeres hacen cosas en la cama, porque las he oído, y ellos no lo saben que yo les oigo.

Me viene a la mente un niño, que le están bañando, un bebé. La madre le baña, se cae, va a coger algo de fuego y se cae. Va a coger un candelabro y el bebé se ha caído. Y le ha caído algo en los ojos, ha sido un accidente. Y la madre llora mucho, y con cuidado y con mucha delicadeza, le intenta quitar la cera de los ojos, pero no se la puede quitar. Y tiene mucha culpa, mucho malestar, y pone todo su cariño para quitársela, pero no puede.

Tú no sabías esto, durante toda tu vida no te lo contaron, no te dijeron que tu madre sentía tanto pesar, que te intentó quitar la cera de los ojos con tanto amor, y no pudo. Te dijeron que fue lo contrario, que te lo echó ella, y no fue así, y sentías remordimientos. Y a tu madre, en esta vida, aún no se le ha pasado, tiene culpa. Y te necesita, necesita que la comprendas. Ella se dio la vuelta un momento, sólo fue un momento. No quería dejarte sólo ni que te hirieses, y te lo intentó quitar y te intentó curar, y muchos días te curaba y no veías nada. Pasó mucho miedo.

Te quemaste también en el antebrazo derecho. Y fue una quemadura grande. Tú no sabías cómo era, fantaseabas. Creías que te habían atacado, que te habían quemado a propósito. Tu madre lloró muchísimo y pasó mucho miedo. No sabía lo que había que hacer con un niño como tú. Y te intentó enseñar a ver. Pero no podía.

Parece ser que luego vino una mujer. Siento que viene y me dice que ya puedo ver, que no tenga miedo a ver. Y una parte de mi dice que no quiere ver. Te pregunto si es eso lo que te ocurrió, y me dices que sí. Que antes de morir enfermaste, y tuviste delirios para poder ver y poder abrir los ojos tras la muerte, porque tenías mucho miedo. Estoy sintiendo ese miedo a ver.

Tu alma me dice que cuando nunca has visto nada o no recuerdas lo que has visto, tienes miedo de que lo que veas no sea bueno, ni bello. Que además te sentías muy solo porque con la cara quemada no te querían mucho. Sólo los hombres que se reían un poco, porque te tropezabas, te caías, aunque algunos eran muy buenos contigo. Algunas mujeres también, pero no era amistad real. La gente no sabía cómo tratar a un ciego.

Tu alma me dice que te diga que no tengas miedo a ver. Que abras los ojos. Y que tampoco temas el no ver. Lo esencial se ve claramente, con luz o sin luz, porque se ve desde el alma. Y que tampoco tengas miedo a perder la visión, porque eso no te va a ocurrir, ya te ha ocurrido una vez y ya sabes lo que es eso. Pero que tampoco te quedes anclada en esa situación, ya la has superado, estás un peldaño por encima, no vuelvas atrás.

– Si tu vida no es divertida, hazla divertida, estás en un tiempo lleno de estímulos. Tu vida anterior fue muy aburrida, porque no había nada de lo que hay ahora. Ni siquiera había colores. Todo era negro. Ahora sí los hay. Disfrútalos.

Los cuadros no plasman la belleza de la realidad. Sólo intentan plasmar la ilusión de lo que uno cree ver. Cuando miras algo, intenta mirarlo con los ojos de un ciego. Y te darás cuenta de qué es lo que realmente hay, que para ti es válido. Aquello que “salta a la vista”.

Este es todo mi mensaje. Por hoy no tengo más que darte.

Me dice que ya puedo abrir los ojos.

Me da las gracias por llevarte este mensaje.


Altaïr García
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Última actualización el Domingo, 24 de Enero de 2010 01:49  

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