Está frente a mí, en un lugar con rocas, parece una playa de piedras. Sí, lo es. Veo el mar al fondo, empieza a definirse el paisaje.
Tu alma lleva un chándal gris y mantiene una sonrisa con mucha tranquilidad. Dice que no se lo va a creer, que muchas de las cosas que tú mismo verás y entenderás en los próximos años no te las vas a acabar de creer. Te falla la inteligencia femenina. La inteligencia femenina es la que te dará el entendimiento claro de lo que ocurre, la inteligencia masculina, la razón, esa no podrá mostrarte aquello que el alma ve. Sólo lo suplirá con sandeces.
– La razón – me dice tu alma– es una pérdida de tiempo.
Me dice que ya me ve preparada así que me lleva a dar un paseo.
Vamos por la playa, le veo como un hombre mayor, de unos 50 años. Sobre todo por el aire de sabiduría que inspira. Además mi consciencia ante él se me presenta como una niña de 13 años, así que pareces aún más mayor. Dice que en este escrito te hable como “él”, pues es Él, tu presencia Ascendida, tu Maestro, tu Yo Ascendido. Así has de entender este mensaje. Un mensaje de tu Yo Superior.
Dice que te aclare que yo digo el alma para que las personas lo sientan como algo más cercano, algo más accesible, pero es lo mismo.
Me muestra el cielo y me dice que de aquí hasta allí hay muchas consciencias, hay muchos estados, no sólo uno ni dos ni tres, hay tantos estados de conciencia como edades tiene la vida humana, y más. Pero nosotros, desde el estado de conciencia más bajo, intentamos entenderlos todos, y se ríe y dice que eso no puede ser. Es como si una hormiga intentase ser Dios, o Cristo, y todo el mismo día. O como si un ciervo intentase nadar un océano. Los hombres están locos porque piensan con la razón y la razón sólo sirve para dar la razón. No sirve para nada más.
Él tiene un sentido del humor demasiado agudo para mí.
El cielo tiene alguna que otra nube y se siente la brisa, además hay un olor de algo que me resulta familiar, algo marino. Y se ven rocas en todas las direcciones. Le pregunto dónde estamos y me dice: “¿no lo ves? en el mar, en la costa, viendo las olas”.
Le pregunto si me va a enseñar algo y me dice “sí, aquí mismo”.
Entonces se para y me enseña algo que hay en el suelo, entre las piedras del suelo hay un hueco de tierra. En ese hueco hay algo pequeño, no lo veo bien. Sí, veo una hormiguita
Le digo:
– ¿Eso? – y se ríe.
– Como tú eres pequeña, a lo más pequeño no le das importancia, pero si fueses muy grande te daría miedo algo tan pequeño.
– ¿Por qué voy a tener miedo a una hormiga?
– Porque la podría pisar.
Nos reímos.
Vemos que la hormiga carga con una piedra como 7 u 8 veces mayor que ella. Es una piedra que pesa unas 100 veces más que la hormiga y a la hormiga le cuesta mucho moverse. Nos metemos dentro del hueco y nos volvemos del tamaño de la hormiga para verlo mejor. Le digo asombrada: “¡Alaaaa!” y me hace escribírtelo para que no te pierdas detalle de lo que ocurre.
Vemos la piedra y es inmensa, es tan grande que tapa la luz del sol, claro que la hormiga apenas puede moverse, se tambalea.
– ¿La ayudamos? – me dice.
– Yo no sé, tal vez no podamos – pero él se dirige a la piedra y la sujeta con la mano izquierda.
Yo me dirijo a su lado, más que nada para ayudarte. Y empujo un poco la hormiga para ayudarla a cargar.
– ¡Pero qué haces! No puedes ayudar a la hormiga de esa manera.
– ¿Pero qué estoy haciendo?
– Si cargas con la hormiga, jamás aprenderá a cargar ella misma consigo misma, en cambio si cargas con la piedra, sí la ayudarás porque aprenderá lo que es la amistad y la voluntad. Ayudándola de esa manera que intentas la estás debilitando y la estás haciendo mártir, dependiente, la estás haciendo débil y siempre te necesitará a su lado para que la empujes. En cambio ayudándola de esta otra manera comprenderá que la vida hay que soportar cargas duras, pesadas, pero que esos pesos se pueden compartir. Se deben compartir con otras personas.
– No lo entiendo… – y se ríe.
– No pasa nada, eres aún muy joven – y se vuelve a reír–. Yo a tu edad tampoco entendía la diferencia entre una hormiga que cargaba una gran piedra y una gran piedra que era arrastrada por una pequeña hormiga. ¡Incluso yo creía que eran una misma cosa! – y se ríe pero que se parte de risa.
– ¿Cómo es posible pensar que es lo mismo la carga que quien carga?
– Entonces yo no hacía más que ver a una mujer en una casa cargando con el duro peso de la responsabilidad familiar, veía a la mujer y creía que ella era la carga, y luego veía la carga, y sentía el calor de la madre cuidando de todos los detalles.
Me quedo pensando mientras él continúa riéndose. La hormiga deja la piedra y se queda mirándonos fijamente. Entonces él y yo nos quedamos quietos y me dice que hay que irse.
– ¿Nos va a atacar? –le pregunto.
– Mira, sólo debes saber una cosa para lo que tienes enfrente: todo lo que le rodea es un posible alimento. Así es la vida, cuando te pones frente a una presa, te conviertes tú en presa fácil.
Le señalo que no me he enterado tampoco, pero me mira con ojos llenos de luz, llenos de sabiduría y comprendo que no importa lo que yo entienda, que lo tienes que entender tú. Al fin y al cabo yo sólo te escribo el mensaje.
Me da la mano y me saca de ahí, nos volvemos de nuestro tamaño. La hormiga queda a nuestros pies asustada. Mira hacia arriba y entonces entiende que quería atacar a unos seres inmensos, mucho más grandes que ella y que podríamos pisarla con un movimiento en falso, de hecho si la pisásemos no importaría nada en el universo. Asustada, se esconde debajo de unas piedras.
– ¿Ves? Tememos aquello que más amor nos da. Apenas hace unos segundos le dimos la mano y ya nos teme como si fuésemos su peor enemigo, y simplemente porque somos diferentes que ella.
– Eso es normal…
– No debería serlo. La humanidad ya es lo suficiente mayor para no temer lo desconocido.
Entonces me vuelve a coger de la mano y nos dirigimos hacia el punto de la playa en el que empezamos. Parece que una neblina hace desvanecerse la playa y nos veo rodeados de niebla blanca
Empiezo a llamarte, pues ya no te veo. Grito “¡Rubén!”, pero no aparece nadie. Siento la presencia de tu alma pero no está. Entonces me calmo y pregunto dónde estoy y siento una respuesta que me dice:
– Estás en una puerta secreta, en un portal secreto. En verdad no puedes estar aquí mucho tiempo pues esto cambiaría mucho tu vibración, aún no estás preparada para estar tan arriba.
Pregunto de nuevo que dónde estoy, pero ahora con un poco más de humildad y respeto, de hecho creo que he encogido un par de años más.
Entonces te veo aparecer de nuevo, pero ya no eres como antes, te veo más brillante y tienes barba blanca algo más larga, o más brillante. Y tus pies relucen, dan ganas de tocarlos de respeto que inspiran.
Me veo pequeñita a tu lado, me veo como a la altura de tus pies y miro hacia arriba contemplándote y comprendiendo la historia de la hormiga y cómo ella se asustó ante lo desconocido, de pronto soy minúscula a tu lado. Te pido ayuda incluso para que me ayudes a levantarme, pero comprendo que yo continuaré siendo una hormiguita a tu lado. Te digo que siento mucha humildad y mucho respeto.
– ¿Y amor? ¿Sientes amor?
– No sé. Creo que sí.
– Entonces es que aún no.
– ¿Qué puedo hacer para sentir más amor?
– Lo que haría yo, ¿sabes lo que hago para sentir más amor por los que amo?
– No.
– Bajar donde ellos están.
– ¿Cómo puedo bajar donde ellos están? – y me señalas a mi familia, me los señalas alegres, felices y me doy cuenta de que ellos normalmente no están así, por eso me cuesta mucho bajar a tierra.
Agradecida por el mensaje, me dispongo a salir, pero entonces me dices “Espera, aún no te he enseñado nada.”
Me vuelvo y me dices “voy a bajar a tu estado.”
Y vuelves a bajar a mi nivel de conciencia. Todo esto me resulta un lío de dimensiones. Siento como me voy elevando según hago este recorrido.
Entonces entramos dentro de una especie de nave adimensional y vamos recorriendo un tubo que parece de gusano. Pregunto a dónde lleva, mientras voy sujetándome porque siento que no podré ni continuar tecleando. Y me dices que esté tranquila, que no me llevarás tan alto, tu objetivo es que cuente la historia.
Finalmente la nave se detiene en una playa. En ella hay unas personas sobre las rocas, es una playa como en la que hemos estado, pero hay un padre con una niña y parece que hay más gente. Veo la niña, lleva un jersey rojo y una coletita, el pelo liso, castaño. La veo muy claramente, pero por la espalda. La marea está baja y las piedras secas, debe hacer fresco porque van abrigados.
Siento mucho amor y siento una sensación muy familiar. Él está observándolo todo. Junto al hombre de la playa hay un ángel, es un ángel precioso, parece que le está hablando e intenta ayudarle a calmar los pensamientos. El hombre está algo aturdido. El ángel le observa y le habla con dulzura pero el hombre no logra comprender ni ver lo que ocurre.
Te pregunto que si estamos en el pasado pero no me dices nada. Te pregunto por qué me has enseñado esto y me dices que es porque debía escribirlo. Debía escribir cómo se llega a cada lugar y algunas cosas que ocurren o no ocurren en ellos. De pronto siento frío y parece que la escena se esfuma.
Vemos una espiral frente a nosotros, no tiene nada que ver con la escena que hemos visto, parece que nos estamos yendo. Tocas un botón de la nave y vamos a otro lado.
La nave ahora va como estropeada. Te siento que te ríes porque me ves asustada.
Entonces aparcas la nave en un lugar de de oriente, veo orientales.
Hay una familia de orientales. La mujer está haciendo algo de comida, y el hombre está muy delgado, parece más bien vietnamita. Tiene monedas, unas pocas, señal de que tiene algo de dinero. Y tienen un bebe que ha sobrevivido a alguna enfermedad o epidemia. Hay miseria y pobreza y apenas hay amor en vuestra familia, pues todo es preocupación. El hombre y la mujer no tienen fuerzas para discutir pues apenas comen y la mujer no sé exactamente lo que hace de comida pero tiene algo que parece una botella e intenta abrirlo o cerrarlo. Es algo raro. Hay unas hojas verdes que se deben de comer, grandes como la palma de la mano, sirven para acompañar la comida, pero os las coméis solas. El agua también está contaminada. Parece que hay tifus. El hombre rechaza el niño, el bebé, porque tuvo mucho miedo por si nacía muerto, y luego lo tuvo por si enfermaba, y ahora lo tiene por si podrá o no cuidarle. Al verle se siente mal padre por no poder dar alimento a la familia.
Tú eres el padre en esa vida.
Haces trabajos de lo que sea y cada vez comes menos con tal de llevar algo más a tu mujer y a tu hijo.
La mujer enferma, te veo llorando en la cama, el bebe llorando todo el día. No logras calmarle. Dura poco la escena.
Te veo con el bebe en brazos. La mujer ha muerto. Para ti es una tragedia pues todo el mundo está muriendo y ya no tienes familia. Tu familia era todo lo que te importaba y ya no tienes familia. Sólo un niño muerto o tú lo llamas así pues no crees que pueda sobrevivir.
Ahora te veo enfurecido. Das patadas a las cosas. No oigo el niño llorar. Una mujer parece que se encarga de él. Le tapa y llora.
Va a morir pronto si no ha muerto ya, pues sí que está enfermo, pero está regordito y fuerte, si muere es porque debía morir, no porque le falte de comer, ya que pasasteis los padres hambre para dárselo todo a él.
Finalmente muere, y no lo llevas nada bien, para ti es una tragedia.
Te alistas en el ejército. Vives en un lugar muy pequeño que tiene ejército.
No sé cómo mueres, no me enseñas más.
Veo ahora a Él frente a mí, a tu yo consciente. Está brillante, lleno de luz. Inspira una gran paz y una gran calma. Le digo que es grande y me sonríe y me dice: “tú también, en mi nivel eres como yo”. Me sorprendo realmente.
Me da las gracias por este mensaje, me dice que más adelante te dará más.
Le veo irse y de pronto le siento otra vez, grande, como que ha vuelto a una consciencia superior.
Altaïr García
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