...Receta para la felicidad:

Liberarse del apego aprendiendo a mirar el rostro de la muerte.

No existe otro momento para vivir más que este; y se te puede escapar...

Eres un delfín

Lo veo todo violeta, dorado, rosa. Es un espacio de colores, energía. Te veo como un hombre de unos 30 años, muy alto, y guapo. Tienes voz masculina. Me dices: ven te enseñaré sobre mí, vamos adelante.

Y pasamos por un pasillo-mirador, un patio de vecinos. Hay puertas a nuestra derecha y a izquierda se ve mucha luz blanca. No logro distinguir el lugar, pero creo que es un patio. Hay más casas enfrente, como una comunidad.

 

Entramos dentro de un lugar de agua. Justo al entrar, al final de este pasillito estamos dentro de una piscina, pecera inmensa, y el agua parece de mar. Es muy grande y estamos bajo el agua.

Te conviertes en un delfín.

Se ve la superficie del mar como a 100m, hay focas cerca. Bajo el agua hay vegetación, hay algas. Donde estoy llega poca luz pero tú llegas rápidamente a la superficie, se ve el resplandor del sol.

Hay otro delfín. Os abrazáis y saludáis como delfines. Sois amantes, pareja delfines. Os besáis en delfín, es algo muy curioso, se siente mucho amor y ternura. Tenéis un bebé delfín.

Siento que a uno le pescan, a ti. Veo unas redes y la mujer se despide. Te alejas. Me dices:

– Sigo siendo un delfín. En una vida paralela siempre soy/he sido delfín. Ese es mi lugar, ahí siempre me reencuentro con mi “morena”.

La observas ahora, nada más pescarte, ella se aleja triste. Está también el hijo delfín, ha sentido que te han llevado. La delfina sabe que ya no te verá en esta vida. De pronto veo muchos colores, luces. Siento que la energía trasciende, ella empieza a hacer piruetas en el agua. Y cuando hace las piruetas salen colores. Parece que ha trascendido el significado de su vida y ya no necesita vivir más esa vida, y lo comprende, entonces está disfrutando de los momentos que le quedan, pues decide que se va a ir, ya no hace nada en esa vida. No hay ningún dolor, se la ve feliz y consciente de que se va a reunir contigo.

Me llevas buceando debajo del agua, a otro lugar. Ahora eres el chico del principio.

Hay una casa al fondo, está como debajo del fondo del mar pero es una casa de verdad. Según nos acercamos desaparece el mar.

Es un lugar muy verde. Allí vive una señora, en esa casa. Tiene 3 hijos. Dos de ellos mayores, 16 o 18 años. No veo huerto, pero siento que todos trabajan, imagino que fuera de casa. El pequeño tiene unos 7 años.

La señora es grande, pesará unos 80kg, lleva un delantal puesto y tiene unos albaricoques en las manos. Al fondo se ven unos picos nevados.

Hay casas cerca. Me muestras que es una muy buena vida, de tranquilidad, respeto, con unos hijos sanos, fuertes, guapos. Te sientes muy bien por la vida que llevas, tienes de todo, seguridad, prosperidad…

Me mira la mujer, su alma, me mira relajada, sentada, como que es una vida de descanso, de bienes y dones. Me haces ver que eras muy buena mujer, ama de casa y madre. Que cuidaste muy bien de tus hijos.

Me haces ver que a tu marido le mataron de un disparo, siento que en una guerra. No tienes rencor ni culpa, porque te dejó muy bien, sola, preferías que no estuviera. No debió ser buen marido. Estaba todo bien. Los padres de él fueron muy buenos contigo en esa vida, te cuidaron muy bien.

Me muestra que recuerda siempre el olor a pan caliente, imagino que sus padres serían panaderos. Me dice:

– Yo ahora vivo muy bien. Es mi regalo por tantas vidas de sacrificio. Es un descanso que he decidido tomar. Volveré a la vida con más fuerza, con más pruebas. Ya no seré como ahora. Las cosas no serán tan fáciles, pero estaré descansada, mi alma estará descansada. Sé que más adelante, en otras vidas, recordaré eso, encontraré la paz en mi vida, y el amor. Siempre me ha costado mucho enfrentarme al sufrimiento, nunca lo he llevado bien. En ninguna de mis vidas he sido muy sufridor, el dolor me ha dolido mucho, por eso necesito el descanso.

Me perdono y me amo, por todo lo que haya hecho o me hayan hecho, en mis vidas pasadas y venideras. Soy un ser que está en paz con el Universo.

Llévame este mensaje a mi Yo del Ahora futuro, para que sienta y comprende esta paz, que reina dentro de su vida. Soy un ser delicado, y nunca logré encajar en las vidas humanas que he tenido. Pero amo y comprendo a todos los que sí logran encajar. Y a los que como yo no lo consiguen. Pronto podré ser yo misma y entender mi naturaleza. Mi verdadera naturaleza, mi verdadero ser. Estoy en paz con lo que me rodea.

Ahora me enseñas a tus hijos de esa vida. Entre ellos se quieren y hasta lo donde tú vives, los 3 son muy felices.

El mayor se casa con una muchacha muy guapa y muy buena, que le quiere mucho y le cuida mucho, y sabes que será así toda la vida. Es una muchacha que te hubiera gustado tener también por hija, pero en ese caso no hubieran podido casarse y hacerse tanto bien.

Me enseñas el hijo mediano. Me dices que es un varón muy guapo y muy alto. Dices que enamora a todas las muchachas, muy listo, pero nunca le gustó estudiar. Trabajará duro toda su vida por no haber querido estudiar, pero a él no le importó. Te emocionas al pensar que trabajará muy duro, porque sabes que le costó mucho de mayor ganarse el pan. Me dices que se casará muy mayor, no le verás con hijos, pero tendrá dos. Tus dos nietos. Me enseñas el pequeño. Me dices que es una niña, una reina. Es igual a ti. Que se convertirá en madre algún día de otros dos hijos, y a esos dos niños les conocerás en la próxima vida, en ésta.

Que en vida tampoco sabrás de ellos pero en la siguiente vida sus almas serán muy cercanas a ti. Dos personas que sufrirán mucho, en la vida actual, no en la del pasado. Sabes que la hija no será tan feliz como tú lo has sido en vida. Que tendrá un marido que no la querrá, y ella le querrá mucho. Pero no te molesta, pues comprendes que es una elección del alma, y que no hay culpa en ninguna de las dos elecciones.

Empiezas a comerte uno de los albaricoques, están pelados Me muestras que te gusta mucho la comida dulce, las frutas, los dulces. Que sois unos privilegiados en el pueblo, muchos os envidian, y a tus hijos les harán daño o lo intentarán por eso. La envidia que te tienen por vivir tan bien.

Parece que heredaste de tus padres, de tu marido fallecido, y de los padres de tu marido, y que no necesitas apenas trabajar, lo necesario para vivir un poco al día. Pero tu vida siempre fue muy fácil.

Además veo que en esa vida eres capaz de ver el futuro y de ver cosas que van a pasar. También eres capaz de verte en tu Yo de Ahora Futuro, puedes ver tus vidas futuras y te comprendes y te amas. También sabes lo que piensan y dicen las personas cuando no están a tu lado, tienes esa capacidad y sientes que algún día todo el mundo hará eso, sabrá lo que otros dicen o piensan sobre uno. Eras un alma muy despierta.

Me dices que mandas oraciones a los que te rodean y a los lejanos, eres muy consciente y despierta. Gracias a la vida que has llevado, tan buena, has podido liberarte de muchas ataduras y ser consciente.

En esa vida sabes que has vivido muchas torturas en otras vidas y aun te duele. Pero comprendes que eran dolencias temporales.

Me dices: Gracias, me das un albaricoque y te vas.

Me lo como, está demasiado dulce, muy sabroso, lo has pelado y has usado la piel para dársela a los animales. Tu alma me coge de la mano y me saca de este lugar.

Volvemos al balcón de la entrada. No sé cómo hemos llegado. Hay una puerta grande, justo en el centro. La abres con una llave.

Dentro hay personas. Hay un hombre joven que está ayudando a una mujer a salir de un coche, un hombre despierto, no parece terrícola, es un extraterrestre con aspecto humanoide.

Ahora lo veo mejor: ha habido un accidente automovilístico y este hombre ha salido de la nada y ha ayudado a la mujer. Es un hombre muy atractivo, mide más o menos 1,80m de alto, tiene el pelo corto, rubio, lleva pulseras, como de hilos de colores, y viste ropa normal. Ha aparecido para ayudar a la mujer. Tú estás a mi lado, me dices: ¿Ves? y me señalas detrás del accidente.

Hay una especie de nave, con forma de huevo, al lado hay un ser con la cabeza con forma de huevo, muy raro. Me dices:

– Son mi familia, siempre están pendientes de mí. Y ahora más. Les voy a recordar pronto, en esta vida. Ya lo hemos hablado y les voy a recordar. Voy a recordar quién soy.

Lo dices muy feliz, riéndote. Me dices:

– No es necesario que pase eso - señalando el accidente - pero si me equivoco, y hago algo cuando no debo hacerlo, actuarán de inmediato. Saben que tengo una misión que cumplir. No es algo muy importante, pero mi alma así lo ha elegido.

Me haces un símbolo con la mano, una O con índice y pulgar, los otros dedos estirados.

Me abrazas poniendo tu pecho contra el mío.

Me vuelves a dar las gracias y te despides.

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