Descubre la puerta al Nuevo Tiempo en tu interior a través del trabajo personal, del silencio, del amor.
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Actualizado 18/05/2013
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Ceres cielo. Hermosa estrella de luz. Se te dice ahora un mensaje de tus guías, un mensaje de luz para ti. Para tu vida. Algo regenerador y especial. Este mensaje te trae una energía renovadora para que empieces a cambiar aquellos aspectos de tu vida que ya no valen. Aquellos que no necesitas y comiences otra vez.
Es necesario que recuerdes que estás empezando de nuevo. No pienses que toda tu vida no sirvió de nada. Las experiencias te enriquecieron muchísimo. Pero ahora empiezas a entender nuevos paradigmas, nuevos despertares, momentos divinos, maravillosos. Y eso es necesario por hoy. Eso es lo que ahora se necesita. Entras poquito a poco en la nueva energía. En la nueva luz.
Ceres, cielo. Hoy por hoy tu luz blanca es inmensa y junto a ti está el maestro de luz que siempre te acompañó. Hoy te abrazamos tiernamente los que te amamos y acompañamos. Tu maestro, tu rayo de luz personal, es un ser vivo, grande. El no habla a través de este mensaje, pues no necesitas palabras para comprobar que te ama, que está junto a ti. Tampoco tiene un mensaje que darte más que, te amo. No necesita palabras para traerte, tú lo sabes.
La luz que hoy te ilumina es una luz purificadora. Muchas cosas has abandonado en tu vida. Muchas más de las que piensas se han alejado de tu cuerpo de luz para empezar este tiempo liberada de problemas, de tensiones. Es una alegría verte tan resplandeciente. Es por ello oportuno que empieces a captar el amor y la luz que tú tienes, que entregas cada día. Has vivido una larga vida de amor, de responsabilidad, de crecimiento y ahora te llega el tiempo de reposo, de reposar lo aprendido y recomenzar en una luz nueva, de la Nueva Era. En ti se puede vivir el tiempo que vendrá, pues eres una semilla vieja llena de sabiduría ancestral, en ti brilla el sol de la Nueva Energía. Todo lo que has hecho en esta vida, fueron sucesivas emociones, conexiones, y vivencias que te trajeron al momento de luz que ahora vives. Resplandeciente, cálida. Grande. Ahora resuenas mucho más de lo que tú misma puedes captar. Ahora sí estás en tu resplandor.
Durante los meses anteriores estuviste liberando aún viejas situaciones de tu vida, viejas tormentas y viejas heridas, pero ahora vuelas libre hacia el Universo. Llena de esplendor, de luz, sin ningún temor ni tinieblas. Eres un Sol resplandeciente.
Te hablaré de ti en otra vida, en una vida muy atrás. Muy antigua. Fue hace como 9.000 años cuando se relata esta historia. Tu eras un hombre, pero no un hombre corriente, eras un hombre bien parecido, guapo, alto, fuerte, grande. Eras inteligente, y bastante locuaz. Muy buen nadador y admirado por todos en la aldea donde vivías. Vivías en un tiempo de resplandor antes de la llegada de un decaimiento. Y eras un hombre avanzado para tu tiempo, aunque, desgraciadamente, no tenías mucha intuición, la inteligencia no era suficiente como para avisarte de los tiempos que llegarían, y aunque eras fuerte no podías prepararte para el sucesivo decaimiento sin tu intuición y reconexión divina. Necesitabas luz en tu vida que te aclarase aquello que estaba por acontecer para que oportunamente pudieses prepararte como otros ya se estaban preparando.
En tu aldea todos te admiraban, eras el más fuerte, el más sano, el más atractivo. Todos veían en ti la semilla futura, pero no comprendían, que igual que eras tan fuerte y ágil, te faltaba luz, inteligencia emocional. Cosa que hoy, en esta vida, te sobra.
En aquellos tiempos los hombres con tan buen porte estaban muy bien valorados, y mucho más en la región que vivías. Así que la hija de un rey, un rey no muy importante pero muy valorado y rico, quiso casarse contigo. Ella deseaba tener hijos contigo y vivir junto a ti durante muchos años, y como cualquier persona en aquel tiempo, no dudaste en aceptar. Te casaste con esa mujer. Era una muchacha linda. No muy agraciada pero si tenía una belleza interior que deslumbraba. Sus ojos eran castaños y su pelo demasiado largo, liso. Era muy pálida y parecía oscurecida por algún secreto que los demás no lograban entender. Y cómo no, tu mujer era muy intuitiva, era una gran visionaria y podía intuir y ver claramente los tiempos que llegarían al igual que podía ver en ti un ser de luz espacial, escondido tras un traje de carne atractivo y lustroso.
Cuando se casó contigo no fue tanto su intuición lo que la llevo a ti como su corazón. Supo desde el momento que te sintió que eras el hombre para ella y sabía que podrías mantenerla incluso cuando los reyes cayesen y las aldeas empezasen a arder. Eras un hombre bueno bajo tu traje tan atractivo. Eras el hombre que cualquier mujer desearía. Ella supo igualmente que te casarías con ella sólo por el dinero, pero que más adelante aceptarías casarte con ella interiormente, álmicamente. Y que os reconoceríais y os casaríais en una alquimia divina y mística. Erais almas gemelas, lo sentía y sabía que era vuestra oportunidad de vivir y cambiar el tiempo cercano.
Durante un tiempo, muda a todas sus intenciones de reconoceros y sin darte a conocer nada de los tiempos futuros que sabía perfectamente que vendrían. Ella fue preparándose a escondidas, pero tú viviste junto a ella un tiempo de esplendor. Día tras día exhibías tu porte en el pequeño reino. Ayudabas a otros en pequeños oficios y te gustaba rodearte de niños. Pronto comprendiste que querías ser un gran padre y empezaste a intentar tener hijos. No fue mucho tiempo, pues enseguida tuvisteis vuestro primer bebe, una niña con un alma rosa que reconociste interiormente nada más que la viste nacer. Sus ojos te cautivaron el corazón para siempre y las siguientes vidas siempre reconociste en esa alma una pizca de luz que te haría reencontrarte con tu alma y no con tu intelecto.
Tu esposa, feliz de verte madurar interiormente decidió darte otro hijo y así tuvisteis vuestro segundo hijo, y más tarde el tercero. Jonán era el último hijo, el cuarto. El niño más pequeño y quien más pesar te dio pues decidió morir muy joven.
Cuando empezaron las luchas entre la población las personas empezaron a ser cada vez más hurañas, más pobres y más débiles. Tú no comprendías pero tu mujer empezaba a sacar de su desván privado panes sagrados que ella misma bendecía para alimentaros. Sabía que la comida, los alimentos con los que se saciaba la población, estaban envenenados por el odio y la mala armonía del momento. Más adelante empezaron lluvias tremendas y las personas perdieron sus casas, sus pertenencias, sus ganados. Tu esposa, bien prevenida, tenía una casita frente a una balsita allá en lo alto de una colina. Cuando empezaban las riadas vosotros subíais a la colina y os refugiabais. Algunas veces os acompañaban otros niños o adultos del poblado, mágicamente nunca recordaban el camino para que la cabaña estuviese refugiada de los ataques de otros. La bondad de tu mujer hizo que también pudieseis resguardar a otros niños y pronto vuestra familia se hizo algo más grande. Erais unas 14 personas que cada día cruzabais un gran bosque y os refugiabais en la noche en un rinconcito escondido de una colina alta, allá donde las lluvias no arrastraban grandes cantidades de agua. Vuestro hijo pequeño, en una gran riada, salió rápido de la cabaña y fue arrastrado.
El dolor para ti supuso una gran ruptura emocional con tu mujer pero pronto comprendiste que la vida es un fluir, pronto lo superaste pues viste que bajo tu cargo había muchas otras personas que te necesitaban y necesitaban tu quietud y tu fortaleza.
Fueron tiempos difíciles. Algún día volverás a verte en aquel tiempo y verás que fueron tiempos de abandono de riquezas materiales, de abandono de egoísmo y de entrega y bondad. Emprendiste un viaje de regreso a ti mismo, a tu interior.
Quiero que recuerdes esta vida, mi amada, pues quiero que sepas que ya viviste antes tiempos de ruptura muy grandes. Has ayudado mucho, no esta vida sino muchas otras. Y has sabido reaccionar ante las injusticias. En aquel tiempo pudiste estar acompañado de tu alma gemela. Hoy la llevas en tu corazón. En tu alma. Pero ella te da la fortaleza para cambiar la realidad, para prepararte y para comprender que la separación en la vida, no es más que una separación superficial, que en el interior permanecéis en unidad.
Hoy no eres un hombre joven, bien parecido, pero eres una mujer amorosa, cálida y muy intuitiva. Amate y en tu amor propio reconoce a tu mujer de aquel entonces.
Verás que no sois tan diferentes. Tu paz, tu tranquilidad y tu experiencia en la vida, es lo que más ha ayudado a otras personas en su tiempo de lluvias, de terremotos, de guerras…
No eres reina, ni princesa, ni política, eres reina en la vida real. Ama, cielo, pues tus niños aún están bajo tu cargo, aquellos que están y aquellos que se fueron, aún son tus hijos, los que tú tuviste y los que se te acercaron. Aún están bajo tu cuidado. Y no de actos, ni de palabras, sino bajo tu resplandor y tu luz. Eres un ángel hermanita Ceres.
Yo hoy sólo soy el emisario de estas palabras. Sólo te traigo este mensaje. Somos muchos tus acompañantes en esta vida pues hiciste y harás mucho trabajo aún. Pero quiero que comprendas que ante ti, cada día de tu vida, está un ángel, del porte de un maestro de luz que te guía, te acompaña y te ama tiernamente. Cuando nos llames a tus guías llámale a el, y sabe que está junto a ti, escuchándote, sintiéndote, sabiendo a cada momento todo de ti.
Tú eres su luz, su estrella y su guía también.
El amor, mi estrella, ilumina tu camino. El amor, mi estrella, ilumina tu rostro.
Junto a ti se respira la paz de una mujer que conoce, que siente y que pertenece a la Tierra.
Entrega tu luz gustosa a todos los que te rodean pues ellos saben de ti. Ellos te sienten y te comprenden y no pienses de aquellos que no conocen lo que tú conoces, pues son muchos, mi ángel, los que no pueden comprender todo lo que viviste y conociste, son muchos los que no pueden entender que en ti se halle tanto amor y tanta vida.
Gracias estrella mía.
Permíteme que en este tiempo que viene te envíe mi abrazo amoroso.
Gracias Ceresita mía.
02.05.2013
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